domingo, 4 de noviembre de 2012

Silencio.

Un simple movimiento en tus labios hace que el mundo se detenga. ¿Es normal? No lo sé.
Te llamo hermano por el simple hecho de que no hay palabra que describa la situación que ocupas en mi vida.
¿Sabes? En tres años me han pasado miles de cosas. Estoy segura que conocerte a ti, ha sido de lo mejor que me ha pasado.
Me siento impotente al no poder expresar de ninguna manera mis sentimientos. Por ti... Por ti recorrería todo el mundo.
Igual suena a cliché, pero lo daría todo por ti.
Por larga que sea mi vida, me faltarán años para demostrarte lo que significas para mi.
Mis mañanas empiezan con tu nombre, y mis noches terminan con tu rostro.
Supongo que cualquiera que leyera esto pensaría que estoy enamorada. El caso es... ¿Lo estoy realmente?
La línea que separa el amor de esto que sentimos es demasiado delgada, y ambos lo sabemos bien.
No quiero volver a caer en un pozo sin salida. No quiero volver a arrepentirme, no quiero tener que suplicar perdón, no quiero arrastrarme.
Y, lo más importante: no quiero herir a nadie.
Siento una increíble presión en el pecho, como si cada uno de mis movimientos fuese decisivo, como si un simple paso pudiera significar un constante remordimiento.
Dicen que el amor no es nada fácil.
Prefiero pensar que, simplemente, nada en la vida lo es.

No hay comentarios:

Publicar un comentario